
Edificio U.
Javeriana Cali
Concurso privado
1er Puesto
CALI
2016
Diseño: Mauricio Rojas, Germán Rodríguez, Andres Villa
El proyecto debe ser parte del paisaje natural y arquitectónico existente, que junto con la vocación espacial y académica del campus plantea una arquitectura de intersticios, de sucesiones de patios, de lugares que propician los encuentros entre el estudio, la comunidad y su paisaje. Más que edificios solistas, se busca continuar el valor patrimonial de una arquitectura del paisaje y del encuentro, lograda por la obra tranquila, homogénea y atemporal de Raúl H. Ortiz, casi sin ventanas y sin un lenguaje arquitectónico marcado. Los nuevos edificios deben ser permeables al paisaje, a los árboles, al aire, a las visuales y a las vivencias académicas; no deben comportarse como edificios cerrados o autónomos sino abrirse al intercambio, debido al increíble lugar donde se implantan.
El proyecto entiende que estar entre los árboles, dentro de su microclima, sus brisas y la cercanía al agua, enriquece las experiencias de estudio, descanso y encuentro. Los edificios deben integrarse con franqueza y honestidad material, permitiendo que cada uno sea único y responda a su contexto cultural, geográfico y urbano. Es una ética que se convierte en estética: no nombrar los edificios según sus facultades o categorías cerradas, sino permitir que surjan como parte del paisaje, como “torres-ceiba” con raíces comunes y presencia conjunta.
Bioclimáticamente, Cali ofrece una situación topográfica privilegiada, ubicada en las faldas de la cordillera occidental, cuyos vientos frescos bañan la ciudad en las tardes y generan un clima cálido-húmedo estable durante todo el año. Las zonas de confort térmico se presentan de manera estable tres veces al día —de 12 m a 3 p.m., de 7 a.m. a 11 a.m. y de 7 p.m. a 12 a.m.—, y para el resto del tiempo se requiere sombra, ventilación cruzada y disminución de la radiación. La zona de confort está ajustada entre 21.2 °C y 26.8 °C, por lo cual los edificios deben responder a principios esenciales: reducir la producción de calor, reducir la absorción de radiación mediante fachadas ventiladas y autosombreo, promover la pérdida de radiación con tipologías permeables y aperturas regulables, evitar la acumulación de humedad mediante ventilación vertical constante e incrementar el movimiento del aire con vegetación, orientación y diseño de fachadas.
Los materiales utilizados en plazas y circulaciones deben ser fríos y de baja emisividad para evitar el sobrecalentamiento del entorno construido. La vegetación adquiere un rol protagónico en la regulación térmica y en la calidad psicológica del espacio, reforzada por el agua y la sombra como estrategias fundamentales de bienestar.
En cuanto al uso, los laboratorios no se conciben como edificios autosuficientes o cerrados, sino como torres que emergen entre el paisaje y el espacio público, articulados mediante plantas modulares, flexibles y adaptables en el tiempo. Cada torre incorpora una doble piel de carácter técnico y bioclimático que permite dinamismo en el uso, así como corredores y balcones que funcionan como espacios de descanso y encuentro. Los cuartos técnicos por piso se ubican en espejo a los núcleos de ascensores, permitiendo orden y facilidad de mantenimiento. Los laboratorios que requieren mayor altura o condiciones especiales se sitúan en semisótanos o sótanos, con accesos directos para cargue, descargue e instalaciones técnicas.
Los primeros pisos agrupan los espacios más públicos y de uso común —aulas, cafeterías, baños y bienestar—, completamente integrados con plazas, senderos y recorridos que fortalecen la continuidad del campus y la vocación colectiva del conjunto. Así, el proyecto no solo crea edificios, sino lugares: plataformas para el encuentro académico, social y ambiental, profundamente vinculadas con el paisaje y con la experiencia cotidiana de la universidad.












